SUS SEÑORÍAS  
Nº 1419 - 4 de julio de 2010

Adiós, Zapatero, adiós… Llega Rubalcaba con los ministros
llorando por las esquinas

Federico Castaño

Los bares que rodean el Congreso dieron cobijo en la clausura del debate del estado de la nación a un hervidero de especulaciones sobre la fecha de las elecciones. Diputados del PP se acercan a los del PSOE con una pregunta común en la boca. ¿Abrimos en septiembre? Las respuestas van por barrios porque los planes de Zapatero son insondables, incluso para muchos de sus asesores en La Moncloa. El muro de desconfianza que desde hace dos meses le separa de Rubalcaba hace todavía más impenetrable la psicología del presidente. Mientras en las filas fieles a Mariano Rajoy la sensación generalizada coloca en noviembre la cita con las urnas, las opiniones dentro del PSOE siguen muy repartidas.

Una de las claves que ayudan a analizar el calendario deriva del contenido de los Presupuestos estatales de 2012. Si damos por buena la versión de que el ex ministro Jesús Caldera será uno de los principales redactores de la oferta electoral con la que Rubalcaba concurrirá a las legislativas, es fácil concluir que su contenido será incompatible con las cuentas tan austeras que aspira a elaborar Elena Salgado. Si esto fuera así, Cristóbal Montoro y su equipo tendrían, como es lógico, un enorme campo de acción para seguir desgastando al PSOE y evitar su remontada en las encuestas.

Pero como en este tablero de ajedrez las fichas se mueven a una velocidad de vértigo, quienes pretenden controlar la partida también tienen sus intereses. Ni Josu Erkoreka (PNV) ni Durán i Lleida (CiU) han dejado claros los límites de su respaldo al Gobierno. El primero le ha preguntado a Zapatero si todavía hay partido que jugar y el segundo ha propuesto un pacto de Estado para coronar las grandes reformas y convocar elecciones en otoño. En ambos casos, opera el interés común de evitar una mayoría absoluta del PP, señuelo con el que trabaja la lógica de Rubalcaba siempre que bajo su cartel electoral el PSOE consiga superar los 154 escaños. Es el cálculo a partir del cual saldría redonda la suma de los nacionalistas catalanes, vascos y canarios para completar una mayoría estable que permitiría a Rubalcaba frenar la alternancia.

Pero el análisis se complica porque ni siquiera el PNV está seguro de poder conseguir en las próximas elecciones los seis representantes que ahora sienta en el Congreso. La sombra de Bildu es muy alargada, no solo para Rubalcaba y el Tribunal Constitucional, sino también para los nacionalistas vascos. Si la izquierda abertzale no pierde el gas que la impulsó el pasado 22 de mayo a las instituciones vascas, fácilmente podría instalarse en la Carrera de San Jerónimo con dos o tres diputados, un escenario nada apacible para Iñigo Urkullu. Por eso al PNV le tienta ganar tiempo, el mismo que necesita Rubalcaba para despegarse de Zapatero y del 22-M e intentar salvar la cara en las urnas.

Las encuestas que ya ha comenzado a realizar el equipo de Rubalcaba dirán con periodicidad semanal como evoluciona la distancia electoral que el PP le saca al PSOE, en el bien entendido que la demoscopia jugará también un papel fundamental en el calendario del final de legislatura. Por si acaso, con todas las posibilidades abiertas, Zapatero ha preferido convertir su último debate del estado de la nación en una rendición de cuentas que ha incorporado también el correspondiente acto de contrición. Nunca mejor que ahora ha explicado el presidente con todo lujo de detalles las razones por las que decidió enterrar su programa electoral para evitar un rescate a la griega o a la portuguesa. Y lo ha hecho echándole sentimiento, parecido al que han puesto la mayoría de los portavoces parlamentarios y los diputados socialistas en su despedida con sabor a final de legislatura. El mejor regalo le ha venido de su amigo José Antonio Alonso, quien ya le ha colocado en la tribuna de la historia como uno de los presidentes más responsables y mejor intencionados que ha tenido España.

¿Le bastará a Zapatero esta medalla anticipada para colmar su ego? Si fuera así, lo más lógico es que llegara a un pacto con Rubalcaba para dejar los poderes de la actual ejecutiva socialista en stand by y favorecer el vuelo en solitario del todavía vicepresidente primero. Porque en lo que coinciden todos los expertos electorales es que cuanto más se aleje Rubalcaba de Zapatero, más posibilidades tendrá de mejorar el resultado de su partido en las legislativas. Para conseguir este objetivo sin levantar ampollas y sin incurrir en la incoherencia que supondría desautorizar a un Gobierno del que forma parte, Rubalcaba tendrá que ejercitarse en la cuerda floja y para ello nada mejor que consolidar los apoyos con los que ya cuenta en las federaciones socialistas de mayor influencia y buscar los de quienes no quieren que el zapaterismo entierre el relevo generacional ensayado con un rotundo fracaso a partir del congreso federal de julio de 2000.

Finalmente, los diputados socialistas que todavía ignoran si en septiembre volverán a sentarse en su escaño son conscientes de que las agendas que se manejan en Moncloa y en Ferraz pueden terminar saltando por los aires si los nuevos sustos que vengan de Grecia, Irlanda o Portugal terminan impactando sobre el coste de la deuda española. Mientras los 300 puntos de prima de riesgo supondrían, según los expertos, una frontera de no retorno para España, las propuestas de resolución defendidas por el PSOE al finalizar el debate del estado de la nación traducen veladamente el fracaso de las principales reformas promovidas por el Gobierno en los últimos meses. En ellas se reconoce de forma implícita que la ley de Economía Sostenible no ha conseguido sus objetivos, que las medidas incluidas en la reforma laboral han resultado ineficaces y que las iniciativas para recapitalizar y reestructurar el sector financiero están a medio gas. Cuantos más días se dejen pasar, tendremos más paro, más deuda, más dificultades y más desánimo, le ha dicho Rajoy a Zapatero. Y en algo tiene razón el líder del PP: esto ya es una sombra de Gobierno. Y yo añado: con ministros llorando por las esquinas por fuertes desavenencias con el partido y su grupo parlamentario. Que se lo pregunten a Miguel Sebastián.

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