SUS SEÑORÍAS  
Nº 1412 - 16 de mayo de 2010

Salgado prepara a sus socios parlamentarios para un nuevo ajuste presupuestario

 

Federico Castaño

Lentamente, como quien no quiere la cosa, la vicepresidenta económica va haciendo partícipes a los grupos parlamentarios que apoyan al Gobierno de la preocupación con la que su equipo observa el rebrote de la crisis de la deuda con el epicentro situado nuevamente en Grecia. Ni a Josu Erkoreka (PNV), ni a Josep Antoni Durán i Lleida, ni a la canaria Ana María Oramas, les ha desvelado todavía la magnitud del tijeretazo, pero los tres sospechan que  Economía, pese a los desmentidos, está preparando el terreno para presentar al Parlamento un nuevo bloque de medidas que contribuyan a serenar a los mercados y a fortalecer a España como dique de contención del euro. El guión de los tres grupos nacionalistas en su relación con el PSOE para la nueva etapa que se abrirá después de las elecciones del día 22 coincide en sus objetivos: bajo el paraguas de la responsabilidad, ayudarán a José Luis Rodríguez Zapatero a terminar la legislatura…a no ser que las primarias internas socialistas deriven en una monumental trifulca, algo no previsible, o que la crisis europea aboque a España a acudir a algún tipo de rescate y la presión de Mariano Rajoy para provocar las elecciones anticipadas se haga insostenible y llegue plenamente avalada, sin ningún tipo de matices, por el mundo financiero y empresarial.

Cuando se cumple un año del ajuste fiscal que llevó al presidente del Gobierno a renunciar a su programa socialdemócrata y a pegar un tijeretazo de 15.000 millones de euros al presupuesto que dejó tiritando a pensionistas, funcionarios y a un país acostumbrado a las bondades indiscriminadas de las deducciones en el IRPF y el cheque bebé, el equipo económico que coordina José Manuel Campa ya reconoce en voz baja las dificultades objetivas que hay para cumplir los objetivos de déficit para este año teniendo en cuenta que el horizonte de crecimiento estará lejos del 1,3% previsto y que los ingresos acumulan en el año una caída del 16%. Entre los diputados socialistas más familiarizados con la difícil coyuntura no se descarta que, además del tajo aplicable al capítulo del gasto, Salgado opte, además, por recurrir a una nueva subida del IVA y de los Impuestos Especiales para evitar serias desviaciones en el cuadro macroeconómico comprometido con Bruselas y eludir una nueva penalización de los mercados. Hay que tener en cuenta que España convive en estos momentos con un presidente interino, huérfano de liderazgo, y con un clima general de desconfianza que, posiblemente, se refleje el día 22 en las urnas en la forma de un duro castigo a los candidatos socialistas.

A Zapatero no le faltarán apoyos parlamentarios para sacar adelante nuevos planes de ajuste, pero el hecho de que puedan llegar a cumplirse algunos de los escenarios más feos contemplados por el propio Gobierno en su propio programa de Estabilidad le restará todavía más credibilidad en el debate del estado de la nación que tendrá que protagonizar el próximo mes de julio, con media España de vacaciones. Poco antes, probablemente habrá conseguido aprobar sin mayores problemas el techo de gasto estatal para 2012, entre otras razones porque los grupos nacionalistas consideran que su respaldo al mismo no compromete su posición en la votación de los Presupuestos que entrarán en el Congreso, si nadie lo remedia, el próximo otoño.

Este debate del estado de la nación no será como los anteriores, ya que se subirá a la tribuna de oradores un presidente censurado en las urnas e instalado de lleno en los minutos de descuento, que será vigilado por la mirada atenta de su sucesor o sucesora en el cartel electoral. Para entonces, la atención del Grupo Parlamentario Socialista no estará puesta tanto en la práctica legislativa que le espera al Gobierno hasta el final de su mandato, mas bien escasa, como en las zancadillas que surgirán durante los preparativos de la confección de las listas electorales. Zapatero, al mantenerse en la secretaría general del partido de no mediar un congreso extraordinario, gestionará por última vez estas candidaturas en medio de un clima interno condicionado por la bicefalia y, por tanto, bastante enrarecido. Si Alfredo Pérez Rubalcaba juega a rectificar al presidente para ensayar un antes y un después en el ciclo vital del PSOE, Carme Chacón no dispondría de tanto margen para enterrar el zapaterismo, aunque sí de un mayor espacio político para alcanzar la gloria frente a Mariano Rajoy en 2016. Los tiempos no operan igual para los dos candidatos todavía oficiosos y esto lo saben todos los diputados socialistas que aspiran a repetir en su escaño.

En cualquier caso, después del próximo domingo penetramos de nuevo en una larga campaña electoral que agonizará en las legislativas con un nuevo presidente del Gobierno. Ahora, la foto está situada en tiempo real en Castilla-La Mancha, madre de todas las batallas, pues de lo que ocurra en esta comunidad en unos días dependerá el nivel interno de decibelios que se escuchen en cada uno de los dos grandes partidos. La tierra de José Bono marcará esta vez las tendencias, mientras él está presto a seguir impartiendo consejos desde su confesionario del Congreso de los Diputados y a continuar salvando almas en peligro. Y de paso, oteando el horizonte, no sea que sus servicios sean requeridos, al final, para mayores cruzadas.

Esta semana