SUS SEÑORÍAS  
Nº 1404 - 21 de marzo de 2010


El PSOE prepara la sucesión de Zapatero

 

Federico Castaño

La enmienda que Zapatero aceptó introducir hace un mes en la ley de Economía Sostenible para eliminar el tope de los cuarenta años a la vida útil de las centrales nucleares, le ha quitado al PSOE una importante bandera con vistas a las elecciones del 22 de mayo. La posición de los socialistas y del presidente del Gobierno sobre la energía nuclear parecía nítida hasta hace un mes. En cambio, ahora ya no lo es tanto porque los pactos con Convergencia i Unió y el Partido Nacionalista Vasco la han desdibujado. Conclusión: después del desastre acaecido en Japón, el Gobierno no podrá sacar pecho para arañar algo de voto joven, mientras que Mariano Rajoy se conforma con suavizar los postulados que ha defendido hasta ahora para avanzar en un mix que tenga en cuenta esta fuente de energía.

Lo peor que lleva el ciudadano es la indefinición de la clase política ante asuntos que le conciernen o le interesan. Por eso, los bandazos dados por el PSOE no le van a ayudar nada en la campaña electoral. Los socialistas se comprometieron en su programa de 2008 a encarar un proceso ordenado de cierre de las centrales nucleares, priorizando siempre la seguridad y el consenso social. Con posterioridad, desde 2008 Zapatero ha tenido que hacer frente en el Congreso a numerosas reclamaciones del ex diputado de Iniciativa Joan Herrera para aprobar este calendario de cierre. En todos los casos, las ha frenado, consciente de que en las filas socialistas anida una actitud pro nuclear en buena parte de los que han tenido responsabilidades de gobierno, comenzado por el ex presidente Felipe González. En todo este tiempo, el PP ha navegado en la ambigüedad, defendiendo la apertura de un gran debate nacional sobre el futuro energético y, al mismo tiempo, acogiendo buena parte de la apuesta de FAES a favor de la construcción de nuevas centrales. En este país, el recurso a promocionar un debate sobre cualquier asunto de interés suele ser una salida falsa para evitar compromisos precisos, de ahí que corramos el riesgo, después de la tragedia japonesa, de ir a votar a las elecciones sin saber muy bien qué defiende cada partido, con la única excepción de los que se ubican con claridad en la izquierda del arco parlamentario. Gaspar Llamazares (IU) le ha pedido a Zapatero que acabe con esta ambigüedad y siga el ejemplo de Ángela Merkel. La canciller alemana, que afronta unas difíciles elecciones regionales el próximo día 27, ha decidido el cierre temporal de siete de las 17 plantas atómicas que hay en su país, las construidas antes de 1980, para ganar algo de tiempo y no enfadar demasiado a una parte de su electorado. Zapatero, molesto por la autonomía con la que ha actuado Merkel, se ha limitado a fotografiarse con la presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear, Carmen Martínez Ten, para dejar patente su preocupación y anunciar que se revisarán las ocho centrales españolas para reforzar su seguridad con informes más exigentes. Izquierda Unida niega eficacia a este organismo, pues en opinión de Llamazares se ha limitado a ejercer de propagandista de la energía nuclear.

En un país con tanta dependencia energética como España, casi todas las fuerzas políticas prefieren caminar por el alambre después del desastre de Japón. La Comisión de Industria que preside el socialista Antonio Cuevas, aprobaba la semana pasada con competencia legislativa plena el proyecto de ley sobre Responsabilidad Civil por daños nucleares, en el que se eleva a 1.200 millones las demandas por este concepto cuando se produzcan accidentes de esta naturaleza. Para la izquierda parlamentaria, esta cantidad se queda ridícula teniendo en cuenta que el accidente de Chernóbil costó alrededor de 250.000 millones de euros.

A buen seguro que el debate nuclear estará presente en la campaña electoral del 22-M, pero en ningún caso eclipsará la polémica generada por la previsible sucesión de Zapatero en el cartel electoral. No hay comida o cena de carácter político o económico en las que no salgan a colación los rumores y las especulaciones relacionados con los movimientos de los ‘barones’ regionales y del propio presidente del Gobierno. El último de estos rumores instala a Alfredo Pérez Rubalcaba en la presidencia del Gobierno mediante una sesión de investidura que sería respaldada, después de las elecciones de mayo, por los nacionalistas vascos y catalanes. Todo, con tal de retrasar lo más posible una mayoría absoluta de Mariano Rajoy.

A veces es fácil detectar el origen de estos rumores y otras no tanto, porque el PSOE es, en estos momentos, una olla a presión pendiente de que el cocinero mayor le quite una válvula de vapor que puede quemar a muchos, en realidad a todos los que hagan apuestas equivocadas. Este vapor sólo será radiactivo si Zapatero obra a su aire y no ofrece margen para una cocina previa que mengue su fuerza. Manuel Fraga ya pasó en Perbes por esta experiencia y, al final, el elegido fue José María Aznar. Ahora, el PSOE podría verse pronto sometido a un juego similar, a un Perbes II, en el que todos los ‘barones’ aspiran a tener voz y voto. El problema es que sólo conservarán su influencia si tienen territorio, razón que les está moviendo a presionar a Zapatero para que deshoje la margarita antes del 22-M ya que, después de esta cita electoral, tal vez serían sólo José Antonio Griñán y Patxi López los únicos que, por carecer de elecciones en el horizonte cercano, podrían reunir estas condiciones.

Si nadie lo remedia, el terremoto que se avecina en las filas socialistas puede llegar a disparar el termómetro de la escala Richter hasta un grado insospechado para lo que ha sido la historia moderna del PSOE, sobre todo teniendo en cuenta que las fidelidades que hasta hace poco rendían pleitesía a Rubalcaba se han debilitado a medida que ha ido cogiendo cuerpo el ciclón Chacón. Nada está escrito todavía, porque a Zapatero le gustan las sorpresas, a pesar de que la caldera está que arde.

 

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