SUS SEÑORÍAS  
Nº 1395 - 17 de enero de 2010

Objetivos de ZP: dar visibilidad al final de la legislatura y taponar los agujeros negros de cajas y comunidades autónomas

El presidente del Gobierno está entregado desde hace semanas al desafío de darle visibilidad a lo que resta de legislatura. Mientras los inversores siguen depositando sus sospechas en los agujeros negros del sistema financiero y las cuentas autonómicas, el Partido Popular juega la baza de unas elecciones generales anticipadas que podrían precipitarse, según cree Mariano Rajoy, en el caso de que España tuviera que ser intervenida o, en otro plano bien diferente, en el supuesto de que José Luis Rodríguez Zapatero dejase al PSOE sin poder territorial después de los comicios autonómicos y municipales de mayo.

Entre la pinza que ejercen los mercados, por un lado, y el principal partido de la oposición, por el otro, los esfuerzos del presidente por convencer a todos de que tiene guión para superar la crisis económica y de que éste dura hasta marzo de 2012, son cada vez más evidentes y, al mismo tiempo, más indicativos de la debilidad con la que Zapatero afronta su futuro. La vicepresidenta Elena Salgado vendió con tanta antelación los brotes verdes que cuando el presidente anuncia ahora desde La Moncloa, ante lo más selecto de la clase financiera y empresarial, que está sembrando el futuro de un nuevo crecimiento para España y que la creación neta de empleo está a la vuelta de la esquina, hace falta mucha fe para creerle.

El presidente aprovecha cada ocasión que se le presenta para intentar demostrar que la estabilidad del euro está asegurada y que las sospechas de los mercados sobre los trapos sucios de las cajas de ahorro y la opacidad de las cuentas autonómicas carecen de fundamento. Para que le ayuden en esta ardua tarea de pedagogía que demandan los inversores, Zapatero ha pedido a Isidre Fainé y al conjunto de las cajas de ahorro que no se duermen en los laureles e inicien con premura su recapitalización antes de que las pérdidas inunden los titulares de prensa y las alarmas se disparen. Hay que generar más pronto que tarde confianza en los mercados financieros y por ello el Gobierno está dispuesto a obligar a las cajas a fotografiar sin engaños su exposición real al sector inmobiliario y a promover nuevas pruebas de stress test que definan a las claras cuales son las entidades que tendrán que utilizar el FROB para capitalizarse en condiciones rigurosas de mercado y con carácter temporal, en un momento en el que la guerra del pasivo complica el negocio de muchas de ellas.

Ante la incomprensión cada vez más extendida en la dirección de su partido, Zapatero ha dejado claro ante personas tan influyentes como Emilio Botín, Rodrigo Rato, César Alierta o el ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker, que ha aprendido de sus errores y que no está dispuesto a cargar sobre sus espaldas el coste de las no reformas. Esto es, que va a primar el guión que ya tiene establecido el Gobierno desde los despachos de la calle Alcalá y desde la Oficina Económica que dirige Javier Vallés para que la reforma laboral, la del sistema financiero o la de las pensiones no estén sometidas a las cortapisas del consenso y, por tanto, salgan adelante con el rechazo, incluso, de Cándido Méndez y de Ignacio Fernández Toxo. Zapatero es consciente del poco margen que tienen los sindicatos para eludir una segunda huelga general, pero conoce también el vértigo de sus principales representantes a la hora de dar el paso de una nueva  convocatoria que, de resultar fallida, supondría un golpe mortal para su credibilidad. Alfredo Pérez Rubalcaba está gestionando estos días con la habilidad que le caracteriza esta debilidad de los sindicatos. Es en este fino alambre donde el presidente se juega sus últimas cartas, consciente de que una tasa de paro del 20% sólo es soportable con un porcentaje mucho más alto de economía sumergida, principal colchón que, de momento, ha evitado una explosión social como las que hemos conocido a distinta escala en países como Grecia, Irlanda o Francia.

Si Zapatero consigue, al final, su propósito de dar visibilidad a lo que resta de legislatura, habrá matado dos pájaros de un tiro. Además de haber contribuido a serenar los nervios de los mercados con la ayuda siempre agradecida del Banco Central Europeo, podrá apaciguar también los ánimos de quienes dentro del PSOE exigen  que anuncie cuanto antes su retirada del cartel electoral. Los últimos visitadores llegados de La Moncloa creen que el anuncio coincidirá con un gran acontecimiento político, quizás vinculado al fin definitivo de ETA. Se trataría de hacer un gesto de generosidad, demostración del escaso apego al poder que tendría Zapatero, justo en el momento en que se produce un hito histórico como sería el final del terrorismo. Sin embargo, el último comunicado de la organización terrorista introduce muchas más señales para el despiste que para las certidumbres, entre otras razones porque desde el Gobierno se habían levantado unas expectativas que, de momento, no se han cumplido. ETA puede estar recorriendo sus últimos metros, pero ha puesto condiciones y precio a su desaparición y ésta es una circunstancia que puede retrasar el reparto de medallas.

Más cauteloso que nunca, Zapatero acaba de insinuarle a la ejecutiva de su partido que debe tener paciencia y no desesperarse porque los tiempos en política pueden llegar a ser una eternidad y la noria puede dar todavía muchas vueltas. Pero una cosa es lo que el presidente aconseja y otra muy distinta lo que están dispuestos a soportar los candidatos que se examinan en mayo. La olla está que hierve.

Federico Castaño

 

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