SUS SEÑORÍAS  
Nº 1380 - 20 de septiembre de 2010

El PSOE exige discurso político al converso Zapatero,

sólo atento a los mercados

Para José Luis Rodríguez Zapatero, la alternativa económica del PP es un folio en blanco. Para Mariano Rajoy, la política que está siguiendo el Gobierno para combatir la crisis es suicida. Faltan, teóricamente, 18 meses para las elecciones generales y los dos principales partidos se muestran incapaces de pactar unas mínimas reglas de juego para que España pueda transitar mejor por el largo desierto que les espera a los parados y a los ciudadanos en una situación de mayor debilidad. La enmienda a la totalidad que Cristóbal Montoro defenderá esta semana en el Congreso para intentar derribar el proyecto de Ley de Economía Sostenible no deja margen alguno para el acuerdo con el Gobierno. Después de haber gastado miles de millones de euros en medidas discrecionales, de haber improvisado un real decreto de medidas urgentes para reactivar la economía y otro para reducir el déficit público, concluye el principal partido de la oposición, la economía española sigue estancada, se mantiene la destrucción de empleo y se extiende la desconfianza.

La vicepresidenta Elena Salgado, que ha prometido que no hablará euskera en la intimidad para seducir al PNV en la negociación presupuestaria, suele utilizar los indicadores que más le convienen desde la tribuna del Congreso para explicar que la economía española ha salido del túnel. Asistimos, de esta forma, a un diálogo de sordos que irá creciendo conforme aumente la presión electoral. Ante la imposibilidad de poner de acuerdo a los dos grandes partidos, decenas de lobbies empresariales hacen cola en Ferraz y en Génova, 13, para que sus intereses sean tenidos en cuenta tanto en el debate presupuestario que se avecina como en el de la Ley de Economía Sostenible. Francisco Fernández Marugán, Marta Gastón, Montserrat Colldeforns, por el PSOE, y Cristóbal Montoro, Álvaro Nadal, Fátima Báñez y Ramón Aguirre, por el PP, no dan abasto para recibir en sus despachos a tanto grupo de presión. Y es que la actividad parlamentaria se ha convertido a lomo de las grandes leyes en un gran zoco en el que aspiran a comprar barato todos aquellos que sólo ven ventajas en el desencuentro del que hacen gala PSOE y PP.

Mientras estas transacciones se suceden en las aguas subterráneas de la política que discurren por la madrileña Carrera de San Jerónimo, el debate parlamentario tan áspero que libran Gobierno y oposición induce a pensar que lo que hoy se está construyendo de un lado para salir de la crisis va a ser objeto de derribo en cuanto Rajoy, si se cumplen los pronósticos de las encuestas, llegue a La Moncloa. El folio en blanco que ve el presidente del Gobierno en las propuestas del PP no es tal, tiene bastante contenido, aunque en sus aspectos más sensibles, aquellos que pueden ser objeto de polémica electoral, permanece oculto.

Los diputados socialistas, especialmente, están muy atentos a la respuesta de los ciudadanos a la huelga general del día 29. Consideran que marcará un antes y un después y que si Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo obtienen un éxito rotundo, Zapatero se verá obligado a rectificar, al menos, su discurso. Muchos parlamentarios de la mayoría no comprenden cómo se puede gobernar tan sólo para los mercados y guiarse casi en exclusiva por el lenguaje de las agencias de calificación. Echan en falta discurso político y lo que un presidente autonómico de los más influyentes en La Moncloa denomina “docencia”. Si no se articula pronto un escudo protector que ayude a que el electorado socialista comprenda lo que Zapatero está haciendo en calidad de converso, el desastre está asegurado, pronostican estos parlamentarios. Hay malestar y, sobre todo, un cierto sentimiento de rabia dentro del Grupo Socialista, teniendo en cuenta que el PP no aspira siquiera a ganar las elecciones, se conforma con que el Gobierno las pierda.

La cercanía del poder, que se intuye al alcance de la mano, ha provocado que en el PP ya apenas si existan conspiraciones. Rajoy ya se sienta seguro en su escaño, nada que ver con las incomodidades de antaño cuando no sabía si Juan Costa o Vicente Martínez Pujalte le iban a clavar un puñal por la espalda. La noche de los cuchillos largos que algunos preveían en el PP a los pocos meses de perderse las elecciones de 2008, quedó diluida en las intrigas de salón. No hay nada más que ver cómo los antiguos conspiradores se acercan ahora al asiento de Rajoy para rendirle honores y felicitarle por sus barrocas intervenciones. La verdad es que si el presidente del PP tuviera memoria, llegado el momento tendría que renovar a más de la mitad de su grupo parlamentario, repleto de diputados y diputadas desleales o, cuando menos, demasiado inclinados a observar la dirección de la veleta.

Quienes piensen que la cabeza de Rajoy está también en blanco se equivocan. En su equipo se asegura que le gusta presumir de independiente. Los grupos de presión deberían abrocharse el cinturón porque si el PP llega a La Moncloa tendrán muchas más dificultades que ahora para conectar con el auténtico poder. Nada que ver con la Oficina Económica de Javier Vallés que tanto utiliza el presidente para quitarse compromisos de encima. Lástima que nadie de esta Oficina o algún asesor de Moncloa le diga al presidente que dar lecciones sobre empleo junto a la presidenta de Liberia (renta per cápita de 200 dólares frente a los 24.000 euros de España) supone perder el sentido del ridículo.

Federico Castaño

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