SUS SEÑORÍAS  
Nº 1370 - 7 de junio de 2010

ZP: ¡cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!

El diccionario de la Real Academia define la zozobra como un sentimiento de aflicción o, en términos marinos, como el estado del mar que constituye una amenaza para la navegación. Estos ejemplos definen muy bien el estado de ánimo que se respira estos días entre los diputados socialistas desde que su geometría variable ha estado a punto de naufragar con el real decreto de ajuste impuesto por Bruselas y la desafección creciente que protagonizan Convergencia i Unió y el Partido Nacionalista hacia las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero. Tan alicaído está el ánimo en las filas del PSOE que se ha acogido de buen grado la decisión del presidente de abordar el debate del estado de la nación a mediados de julio, con la mitad del país pensando en sus vacaciones y la otra mitad disfrutándolas y, por tanto, renunciando a la oportunidad de recobrar impulso político para encarar lo que resta de legislatura.

Las voces que en La Moncloa daban como segura una remodelación amplia del Gobierno para antes de agosto se han encogido y pierden peso, después de conocer este calendario. Antes de afrontar el duelo parlamentario del año con Mariano Rajoy, Zapatero habrá tenido que rendir cuentas en la Carrera de San Jerónimo y en el Parlamento de Estrasburgo de la olvidada y raquítica presidencia europea. Además, el PSOE pasará por un doble calvario que procede de la tramitación del proyecto de ley de Economía Sostenible (¿Se acuerdan?) y por la aprobación parlamentaria del techo de gasto para 2011. Y para ninguno de estos dos pasos dispone a día de hoy de apoyos parlamentarios suficientes.

Josep Antoni Durán i LLeida (CiU) suele recomendar a los ministros y al propio presidente que sean conscientes de que para su formación política las elecciones catalanas de otoño son la principal prioridad. Por lo tanto, llamar a Zapatero cadáver político forma parte del guión electoral, como también abandonar al PSOE en todas las votaciones que puedan tener un reflejo negativo para CiU en Cataluña. El problema del PNV es diferente, pero es también muy peliagudo para el presidente del Gobierno puesto que Íñigo Urkullu tiene razones para desconfiar de las promesas que pueda hacerle Zapatero a doce meses de las elecciones autonómicas y locales, en las que los nacionalistas vascos se juegan, sobre todo, mantenerse al frente de las diputaciones forales de Álava y Guipúzcoa. Si el presidente del Gobierno traicionó en su día a Artur Mas a cuenta del Estatuto y del Gobierno de la Generalitat, ¿qué razones habría para que no hiciera lo mismo con Urkullu?, se preguntan en el nacionalismo vasco.

En medio de estas incertidumbres y sin saber todavía si se podrán sacar adelante los próximos Presupuestos estatales, remodelar el Gobierno sería tanto como disparar con cartuchos de sal. Al menos esto es lo que se opina en la dirección del PSOE y de su Grupo Parlamentario, donde ya hiere el optimismo patológico de Zapatero y su persistente tentación a negar lo obvio. A saber: que a la crisis económica se ha añadido una crisis política e institucional de enorme calado de la que no se salva ni el máximo intérprete de la Constitución. Son viejas facturas que pasa la anterior legislatura.

Convencido de estar obligado por las circunstancias a huir hacia delante, Zapatero se comporta como si ahora los electores le hubieran mandatado para hacer todo lo que había prometido que no haría nunca para preservar su respuesta social a la crisis. Ya ni siquiera el líder ugetista Cándido Méndez le sirve de paño de lágrimas, entre otras razones porque lo que se juegan en estos momentos los sindicatos en su propia supervivencia en caso de que no estén a la altura de las circunstancias. El presidente del Gobierno parece que prepara ya poco a poco al Partido Socialista para un fuerte desencuentro con UGT y con Comisiones Obreras a cuenta de la reforma laboral que podría desembocar, una vez quemadas las correspondientes etapas, en una huelga general. Teniendo en cuenta que con Zapatero los trabajadores apenas han salido a la calle, nos podemos encontrar con una paradoja, temen fuentes socialistas, y es que una vez el presidente afronte su primera huelga general, le sea muy difícil contener las protestas callejeras. La ecuación se resuelve muy pronto sin mayores complejos en la sede popular de Génova, 13: inestabilidad política, cerco parlamentario y malestar en la calle suman elecciones generales anticipadas.

Esta es la tesis que el equipo económico del PP está dejando caer en los foros empresariales que frecuenta, donde no se terminan de ver claras las ventajas que depararía en estos momentos una convocatoria electoral que, posiblemente, agrandaría el perfil de Rosa Díez y volvería a dejar en manos de CiU y del PNV las principales armas de la estabilidad política.

De cualquier modo, Rajoy y su equipo inmediato de colaboradores tienen claro que lo que toca ahora es no dejar respirar al Gobierno. Aunque ya estemos instalados casi en el calor del verano, el cerco parlamentario a Zapatero va a ir en aumento para intentar que los plenos y las sesiones de control se conviertan para el presidente en un auténtico calvario. El objetivo pergeñado por Pedro Arriola es conseguir que los ciudadanos perciban con claridad la imagen de un país sumido en el desgobierno y de un Gobierno incapacitado para ejercer su labor. Seguiremos viviendo, pues, tiempos de aflicción y zozobra para un socialismo de marca ZP que ha perdido la sonrisa y corre un serio riesgo de desintegración al célebre grito de ¡cuerpo a tierra que vienen los nuestros! Que se lo digan, por ejemplo, al presidente del Congreso, José Bono, víctima también del fuego amigo.

Federico Castaño

Esta semana