SUS SEÑORÍAS  
Nº 1367 - 17 de mayo de 2010

Zapatero quiebra su discurso social e inaugura una nueva legislatura, en manos de nacionalistas vascos y canarios

A María Teresa Fernández de la Vega y a Manuel Chaves, por ejemplo, les pillaron por sorpresa algunas de las medidas anunciadas la semana pasada por José Luis Rodríguez Zapatero en el Congreso como parte de su plan de ajuste contra el déficit. No sólo les cogió desprevenidos a ellos, también al grueso del Consejo de Ministros, formado ahora por un equipo desarbolado en el que impera la interinidad. El presidente del Gobierno acaba de abrir con la quiebra de su política social una nueva legislatura, en la que Mariano Rajoy ya ha dado los primeros pasos para colocarse de lado de funcionarios y pensionistas, casi 12 millones de votos en total, que pueden serles muy útiles al PP para dar la vuelta a la tortilla en numerosos ayuntamientos y en algunas comunidades autónomas en la cita electoral prevista para dentro de un año.

 La rapidez y la improvisación con la que Zapatero, la vicepresidenta Elena Salgado y la Oficina Económica que dirige Javier Vallés, elaboraron el plan de ajuste impuesto por Bruselas y por los mercados también pilló con el paso cambiado al PSOE, a cuyos candidatos les tiemblan las piernas a la hora de explicar las razones que han llevado al presidente a dar este giro de 360 grados en cuestión de unos días. Un veterano diputado socialista lo explicaba así: “Es como si hubiéramos aterrizado de golpe en la cruda realidad, después de vivir casi dos años en las nubes”. El choque ha sido brusco y puede provocar importantes daños colaterales al Gobierno. El primero procedería de los sindicatos si Zapatero no acierta a pactar con Cándido Méndez y con Ignacio Fernández Toxo los espacios del desacuerdo. Está en ello. El segundo, de las propias alianzas parlamentarias. Con el PP puesto del lado de los funcionarios y los pensionistas y con Josep Antoni Durán i Lleida (CiU) volcado en las elecciones catalanas, a Zapatero y al PSOE sólo les queda encomendarse al PNV y a Coalición Canaria, las dos fuerzas gracias a las que el Ejecutivo puede presumir de haber sacado adelante los Presupuestos estatales de 2010. Se abre, pues, a partir de ahora una travesía muy incierta para el Gobierno tanto en el Congreso como en el Senado, donde sufrirá numerosas derrotas parlamentarias y empujará al PP a exigir elecciones anticipadas. Atención porque esta vez sí que podemos asistir de verdad al entierro de la geometría variable, la misma que ha permitido a Zapatero ejercer de equilibrista desde 2008 con relativo éxito. Los diputados de las diferentes fuerzas políticas se preguntaban la semana pasada que pasará si las bolsas vuelven a caer con fuerza después de que el Gobierno haya reconocido dos cosas, por otra parte evidentes: que hace quince días se produjo un movimiento contra España previamente concertado por los especuladores y que el plan de ajuste anunciado por el presidente la semana pasada obedece, de alguna forma, a la necesidad de abortar nuevos ataques de los mercados.

Atrás quedan en las hemerotecas las advertencias continuadas hechas por Zapatero en el sentido de que le iba a dar una respuesta social a la crisis o los descartes efectuados por Elena Salgado y María Teresa Fernández de la Vega sobre la posibilidad de tocar las pensiones o el sueldo de los funcionarios. Esta vez la incoherencia del Gobierno ha sido contemplada en caliente por todo el arco parlamentario y también por los ciudadanos. Una semana antes de la presentación de este plan de ajuste en el Congreso, el presidente le negaba a Rajoy en La Moncloa el pan y la sal y alzaba alegremente su voz en contra de planes que hicieran peligrar el crecimiento. Ahora le ha tocado entonar en el Congreso justamente el discurso contrario. La prioridad, ha venido a decir, no es ya el crecimiento, sino rebajar el déficit. Y podría haber explicado, para que se entendiera, que de los mercados no sólo depende el mayor o menos stress de los brokers o de los grandes empresarios, sino también el de miles de ahorradores y pensionistas y el de cientos de miles de trabajadores cuya permanencia en el mercado laboral depende de la marcha de sus empresas cotizadas. En fin, el Gobierno podría haber enviado un mensaje de consuelo, aunque no está de más que haya reconocido también su impotencia.

A partir de ahora, pues, veremos a un presidente a la defensiva, sin el escudo protector que hasta hace bien poco le ofrecían el mundo sindical y el discurso social, frente a un líder de la oposición artificialmente escorado a la izquierda, escudriñando los votos de centro que hasta ahora han descansado en el PSOE allí donde reine la desorientación o la zozobra por el giro aplicado desde el Gobierno.

Sí, acaba de inaugurarse una nueva legislatura a caballo de una agónica presidencia europea que, posiblemente, ponga fin al periodo de interinidad de un Gabinete que merecería pasar sin grandes honores, todo sea escrito, a la unidad de quemados de la sanidad pública, esa de la que tanto ahora presume don Juan Carlos tras haber sido tratado a cuerpo de rey.

Haya o no en julio remodelación ministerial, al Gobierno le tocará más pronto que tarde recomponer su discurso. Ya se lo han pedido en tono de exigencia buena parte de los presidentes autonómicos que aspiran a repetir candidatura en mayo del año que viene y quieren evitar el tsunami que anticipan la mayoría de las encuestas. A propósito, entre ellos empieza a correr el rumor de que Zapatero, ahora con el ánimo caído, no repetirá en el cartel electoral. Veremos.

Federico Castaño

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