SUS SEÑORÍAS  
Nº 1365 - 3 de mayo de 2010

El PSOE cree que Rajoy apuesta por elecciones anticipadas

 

No sólo es la crisis económica lo que preocupa al Gobierno en estos momentos. También inquieta la crisis institucional, que la hay, por mucho que lo niegue José Luis Rodríguez Zapatero. Y preocupa porque está provocando un deterioro de la imagen internacional de España en los mercados y en los agentes económicos que toman decisiones de inversión a diario. Este no es un diagnóstico de un diputado cualquiera, es el análisis que han trasladado no pocos ministros a los parlamentarios socialistas con los que tienen más trato. España no es Argentina, pero la percepción exterior del país se ha deteriorado tanto en los últimos meses que las diferencias, al final, pueden ir acortándose de manera más que preocupante.

Y ante esta situación de castigo periódico en los merados, a caballo de la crisis griega, no se conoce una sola iniciativa del presidente del Gobierno, tampoco de Mariano Rajoy, para celebrar una reunión de trabajo que de una cierta imagen de unidad ante los temas de Estado. ¡Una foto, por favor!, claman algunos diputados de diferente color político. La crisis griega y su efecto contagio es asunto de Estado. Y ante este panorama tan sombrío, con un país que se ve obligado a retirar los estímulos fiscales sin haber abandonado todavía el fondo del pozo, a lo único que se dedican Gobierno y oposición es a tirarse los trastos a la cabeza luciendo, eso sí, las dos caras de la moneda, las fortalezas y las debilidades de la economía española como si esto fuera un juego de niños.

Hay asombro en no pocos diputados socialistas por el bajo nivel que ha alcanzado en las últimas semanas el duelo parlamentario en un momento en el que el socavón griego amenaza con provocar un terremoto de incalculables consecuencias en toda la zona euro. No se oyen voces edificantes que alumbren en la política española el rumbo a seguir y falta un liderazgo evidente para pilotar una crisis de esta envergadura. En el último duelo parlamentario mantenido por Zapatero con Rajoy, ambos han ido al choque directo con las cifras que a cada uno más le ha convenido. En el primer caso, el presidente ha presumido del incremento registrado en los ingresos del Estado en el primer trimestre del año, del aumento de las afiliaciones a la Seguridad Social en marzo, que fue de 22.000 personas con respecto a febrero, de la matriculación de vehículos, que creció un 42%  entre enero y marzo, del consumo de energía eléctrica, con una subida del  3% en el mismo periodo, del aumento de las transacciones de vivienda en un 18,4% interanual en febrero y de la entrada internacional de turistas, que aumentó un   3,2% en marzo. El balance de Zapatero no ha podido ser más claro: España empieza a dejar atrás la recesión aunque la recuperación del empleo va a ser más lenta.

Es difícil saber si el PSOE puede estar en condiciones de ganar unas elecciones con una tasa de paro que, en 2012, podría rondar, según los expertos, el 16%. Sobre todo, si es Celestino Corbacho, quien sigue explicando para entonces la evolución de las cifras de empleo. También es complicado anticipar si el PP reunirá los requisitos para recuperar La Moncloa sólo a base de pregonar los males de la economía española. En el debate de la semana pasada, Rajoy se fijó, sobre todo, en el empeoramiento del déficit público, el aumento del déficit de caja, el desboque de la desconfianza en la deuda española, las previsiones nada optimistas del Banco Central Europeo y del FMI y en la demoledora EPA filtrada a destiempo (¿con el beneplácito de La Moncloa?) del primer trimestre de este año. Después llegó el susto de Standard&Poor´s, al que probablemente sigan otros mientras no se cauterice la hemorragia griega.

Con estos mimbres no se puede construir un diálogo eficaz entre el Gobierno y la oposición. Y como Rajoy parece consciente de lo que hace, el análisis que se hace de su actitud en el Grupo Parlamentario Socialista es que juega a favor de elecciones generales anticipadas. Este sería el mejor escenario para Rajoy, se sostiene en el PSOE, ya que en 2012 el viento de la economía es posible que haya cambiado de dirección, aunque siga habiendo para entonces un paro, casi estructural, que afecte a más de tres millones de personas.
Además, y esto opera en forma de confidencia dentro de las filas del PP, Rajoy no quiere que el final de ETA, que ya se atisba en el horizonte, se introduzca como elemento fundamental de la campaña electoral, ya que sólo podría beneficiar a Zapatero, si es que finalmente repite como candidato, y ayudar a encumbrar, todavía más, a Alfredo Pérez Rubalcaba. Este condicionamiento y también esta incertidumbre hacen que en el PP no se lancen las campanas al vuelo. Zapatero, dicen en sus filas, no está muerto y quedarse sentado a ver pasar su cadáver puede ser muy arriesgado.

Federico Castaño

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