SUS
SEÑORÍAS |
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| Nº 1378 - 6 de septiembre de 2010 |
El PNV evitará el sacrificio de Zapatero mientras el PP no se garantice la mayoría absoluta Acabamos de iniciar un nuevo curso político en el que las estrategias de las principales fuerzas políticas se van a parecer mucho a un juego de trileros. El PNV venderá caro su previsible apoyo a los Presupuestos estatales de 2011 para evitar en lo posible un sacrificio anticipado de José Luis Rodríguez Zapatero, pero su táctica finalizaría el recorrido en el momento en el que Mariano Rajoy tenga garantizada en las encuestas la mayoría absoluta. En otras palabras: hace tiempo que los nacionalistas vascos, al igual que los catalanes, han interiorizado que el escenario político que menos les conviene es ver instalado en La Moncloa a un presidente de Gobierno del PP sin necesidad de apoyos parlamentarios en el Congreso. Por esta razón, mientras Iñigo Urkullu y Josu Erkoreka perciban que Zapatero conserva posibilidades de recuperarse en las encuestas, seguirán respaldándole directa o indirectamente en las votaciones claves para evitar unas elecciones generales anticipadas. Acaba de ocurrir, por ejemplo, en la reforma laboral. La prioridad de los nacionalistas vascos en estos momentos no pasa por despachar con Rajoy en La Moncloa, sino por atrincherarse en las diputaciones forales y por asentar su poder en la mayoría de los ayuntamientos de Euskadi como plataforma operativa desde la que construir una alternativa que les ayude a recuperar Ajuria Enea. Zapatero ha meditado a fondo durante el verano este tablero de ajedrez con Alfredo Pérez Rubalcaba, José Blanco y Patxi López. Por eso está decidido a facilitar que el PNV juegue a una especie de intermediación entre el Ejecutivo que preside este último y La Moncloa para completar el mapa de traspasos al País Vasco aunque ello signifique renunciar a algunos de los principios que hasta ahora venía sosteniendo el Gobierno central para impedir, por ejemplo, una ambiciosa transferencia de las políticas activas de empleo. El año pasado, el PNV apoyó los Presupuestos estatales todavía vigentes gracias al blindaje del Concierto vasco, a una alimentación generosa de las arcas de la Diputación de Álava y al compromiso para transferir las políticas de empleo, condición esta última que quedó pendiente de perfilar por el desencuentro en el volumen de recursos a traspasar. Este año, Urkullu y Erkoreka han colocado en el escaparate un repertorio parecido con las políticas de empleo y en la trastienda algunas condiciones mucho más difíciles de gestionar por parte del PSOE relacionadas con el reparto del poder foral y municipal después de las elecciones locales del año que viene. El problema para que los socialistas acepten que gobierne la lista más votada se generará sobre todo en el País Vasco cuando después de los comicios de 2011 se compruebe que el PSE de Patxi López y el PP de Antonio Basagoiti están en condiciones de arrebatar numerosos gobiernos municipales al PNV. Será en este momento cuando surjan las tensiones y comience de verdad el juego de trileros para evitar que el Gobierno de Zapatero salte por los aires en Madrid y que la alianza entre los socialistas vascos y el PP siga teniendo recorrido. Iniciamos, pues, este nuevo curso político con el presidente del Gobierno subido al alambre, pendiente de que la recuperación económica se asiente sobre bases sólidas y de que la presión que ejerza Mariano Rajoy para que se adelanten las elecciones no sea lo suficientemente fuerte como para que el PNV y CiU escuchen y atiendan a sus cantos de sirena. José Montilla, pendiente todavía de convocar las elecciones catalanas, espera que Zapatero no agote el escaso margen presupuestario del que dispone sólo con las apetencias vascas y le dedique algo de atención también a las infraestructuras catalanas, al menos para poder vender en campaña electoral que el PSC todavía conserva cierta influencia en Madrid y que la actitud obediente de sus 25 diputados sirve para obtener ciertas compensaciones en los momentos difíciles. José Blanco está siendo el principal interlocutor del presidente de la Generalitat en la negociación de la lista de peticiones. En todo caso, el previsible descalabro de los socialistas catalanes en las elecciones de otoño que predice la mayoría de las encuestas no traerá sólo desgracias a Zapatero, pues paradójicamente podría ayudarle a terminar con mayor desahogo la legislatura si Artur Mas lo considerara conveniente para sus intereses. En cambio, sí podría acarrear problemas internos para el PSOE derivados no sólo del talante con el que asumiría su derrota el PSC sino también del declive que a nivel general sufre el partido y que sólo podría contrarrestarse con una victoria electoral en Madrid en las elecciones de mayo. La ministra Trinidad Jiménez y el secretario de Estado Jaime Lissavetzky, veterano militante, han asumido con relativo entusiasmo la misión de ‘paracaidistas’ que les ha asignado Zapatero en medio de una creciente tensión dentro del PSM. Tomás Gómez, al contrario que David Lucas en el Ayuntamiento, sigue dispuesto a dar la batalla aprovechando que la autoridad de Zapatero en el partido, diga lo que se diga, no pasa por sus mejores momentos. Nada está escrito, pero un nuevo fracaso de estos ‘paracaidistas’ en la reconquista de Madrid podría suponer un punto y final en la autoridad que Zapatero viene ejerciendo sobre el PSOE desde julio de 2000. En cambio, un éxito de Trini y una mejora del clima económico abocarían a un nuevo escenario en el que el tiempo jugaría a favor de Zapatero. Así se explican las prisas de Rajoy. Federico Castaño |
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