SUS
SEÑORÍAS |
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| Nº 1354 - 12 de julio de 2010 |
Debate de la Nación: crucial para Zapatero; oportuno para Rajoy En esta ocasión van a estar observando a Zapatero muchos más ojos que en cualquier otro debate sobre el estado de la nación. Porque aunque el éxito o el fracaso de su intervención frente a Mariano Rajoy vaya a medirse en términos mediáticos a partir de los posibles golpes de efecto o de los propios titulares que cada uno facilite para el consumo inmediato, tanto el PSOE como los nacionalistas vascos y catalanes necesitan de claves importantes sobre las que construir su estrategia para los próximos meses cuando se abra en septiembre el nuevo periodo de sesiones. Los socialistas sabrán, después del discurso del presidente, si su jefe de filas es un cadáver político, como le calificó recientemente Josep Antoni Durán i Lleida o, por el contrario, dispone todavía de pilas para aguantar la fuerte embestida que prepara el PP para el otoño. Y CiU y PNV piensan salir también del debate con una idea más definida sobre el margen de maniobra del que disponen para escoltar al Gobierno en las reformas económicas que están por llegar. El panorama político es, salvando las distancias, igual de complicado que el económico. A saber: el PP no piensa desperdiciar ocasión de acentuar la debilidad de Zapatero y de su Gobierno para intentar precipitar la celebración de elecciones anticipadas. El partido de la gaviota no ahorrará esfuerzos para conseguirlo. Convergencia i Unió desarrollará de aquí a los comicios catalanes una estrategia directamente vinculada a sus intereses electorales, sin mayores miramientos hacia Zapatero, a no ser que éste llegara a amenazar a Artur Mas y a su tropa con la convocatoria de las legislativas en la misma fecha que elija José Montilla para las autonómicas. Y el PNV, en fase ahora de tocamientos con el PP, ha decidido sondear hasta qué punto Zapatero está dispuesto a quemar las naves para salvar la legislatura, esto es a blindarle en las diputaciones vascas y a favorecer una aproximación entre el PSE y el nacionalismo en el País Vasco que abra una brecha en la colaboración que vienen manteniendo desde hace un año los socialistas de Patxi López con el PP de Antonio Basagoiti. Como decimos, este es un tablero endiablado para un presidente del Gobierno que, a la vista está, ya no tiene los mismos reflejos ni la misma frescura que en la primera legislatura. Zapatero tampoco tiene enfrente a un primer partido de la oposición débil y sin experiencia. Hace tiempo que Mariano Rajoy dejó atrás sus penas y que se acabaron las conspiraciones serias dentro de su partido. Y el PP de ahora tiene los colmillos lo suficientemente afilados como para hacer sangre allí donde se lo proponga, aunque las encuestas no sean, de momento, del todo fiables porque todavía no existe sensación de vértigo electoral. Rajoy no tendría de hecho hoy, todavía, garantizada la mayoría absoluta. A juicio de no pocos diputados del PP, la fecha de la convocatoria de las próximas elecciones generales la pueden condicionar los mercados. Si continuara la sangría de la Bolsa y creciera el diferencial con Alemania encareciéndose todavía más el pago de los intereses de la deuda, aumentarían las presiones de quien, en realidad, pueden influir para acelerar la convocatoria con las urnas. En cambio, si a partir de octubre, como pronostican algunos expertos, los mercados inician una senda alcista de manera sostenida y regresa la calma a las principales plazas financieras, Zapatero todavía tendría nuevas oportunidades para tomar oxígeno y recomponer su imagen. Nada está escrito. Uno de los principales retos para el presidente del Gobierno procede de su necesidad de superar la imagen de político desnortado e imprevisible. Eclipsar de forma razonable los graves errores cometidos en los últimos meses en su discurso y en su práctica política es una prioridad para Zapatero si quiere conducir lo que resta de legislatura al margen del calvario que él mismo se ha construido con sus propios méritos. Y el reto número uno para Rajoy es convencer a los ciudadanos de que tiene realmente una alternativa de Gobierno y está preparado para tomarla en cualquier momento. Y para ello, el líder del PP se verá obligado a arriesgar más, por mucho que le pese a Pedro Arriola, interpretan diputados de su grupo El debate que se inicia este miércoles en el Congreso será, pues, la ocasión de conocer en qué medida Zapatero y Rajoy están preparados para superar los puntos débiles que ambos reflejan en la mayoría de las encuestas. El primero se juega esta vez más que el segundo puesto que se encuentra más cuestionado en su propia parroquia. De ahí que los colaboradores del presidente le hayan aconsejado no sólo ir a la yugular de Rajoy sino alumbrar también una especie de faro que le diga a los españoles hacia donde quiere ir el Gobierno, en qué estación final puede parar el nuevo convoy puesto en marcha desde que Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy dieron un puñetazo sobre la mesa y emplazaron a Zapatero a dejarse de bromas y ensoñaciones. De cualquier modo, es Zapatero quien debe arriesgar más porque está obligado por las circunstancias y sus propios errores a articular un nuevo relato que brinde algo de coherencia a su mandato y tranquilidad a sus seguidores. Y es Rajoy quien debería separar el grano de la paja para facilitar al actual Gobierno que le haga el trabajo sucio. En definitiva, esa tarea que es obligatoria hacer y que al PP le conviene heredar convenientemente encauzada para cabalgar de forma más sosegada a lomos de la recuperación económica. Pensiones, reforma laboral y cajas de ahorro se sitúan en el centro del escaparate. A fin de cuentas, todo lleva a pensar que será Rajoy quien podrá presumir de verdad de los primeros brotes verdes, cuando éstos se produzcan. Federico Castaño |
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