SUS
SEÑORÍAS |
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| Nº 1351 - 25 de enero de 2010 |
Entre las elecciones anticipadas o el largo estancamiento económico Quien recuerde al Cristóbal Montoro y al Juan Costa del año 1993, con comparecencias informativas día sí, día también, en el Congreso para agitar su alternativa económica frente al entonces debilitado Gobierno de Felipe González, comprenderá muy bien la estrategia de oposición que a partir de ahora va a poner en marcha el PP para demostrar que tiene programa y que éste reúne mejores condiciones que el del Gobierno para conseguir que España salga de la crisis. Montoro, en realidad, ejerce una función similar a la que protagonizó hace 17 años, ahora con mucha más experiencia que entonces pues, entre otros destinos, ha ocupado el Ministerio de Hacienda y ha aprendido los duros recovecos de la política. O el Gobierno se espabila o lo va a pasar muy mal. Esta es la percepción que recorre las filas del PP, donde se recoge la impresión de que a José Luis Rodríguez Zapatero ya no le bastará con enseñar su bola de cristal y vender el inicio de la recuperación a los cuatro vientos solamente porque la economía entre en un crecimiento positivo de una o dos décimas. Montoro y su equipo ven tan perdida la batalla para hacerse con la confianza de los sindicatos que ya se permiten criticarles en público. Para la plana mayor del PP, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo aparecen como los principales escudos protectores del Gobierno, con su firme de decisión de evitarle a Zapatero una huelga general como la que tanto debilitó a Felipe González en su día. Este blindaje sindical del actual Gobierno es lo que hace concluir a Montoro que será casi imposible que Elena Salgado afronte cualquier reforma estructural de forma valiente antes de que finalice la actual legislatura. En este sentido, el PP da por perdido lo que resta de mandato por mucho que el PSOE vaya a afinar sus voces para explicar en toda su extensión la polémica ley de Economía Sostenible. O elecciones anticipadas, o largo periodo de estancamiento económico, viene a decir el principal partido de la oposición en su discurso de año nuevo. En el trabajo interno del partido gubernamental se proyecta una campaña de seis meses para hacer pedagogía con los cambios previstos en la futura ley de Economía Sostenible, pues en Ferraz se considera que de su éxito puede depender en buena medida el resultado de las próximas elecciones generales. Si tres de cada cuatro españolas califican la situación económica de mala o muy mala, como reflejan las encuestas oficiales, al menos hay que explicarles que el Gobierno está haciendo todo lo que está en su mano para suavizar los efectos de la crisis. Esto es, demostrarles que Zapatero obra con la mejor de sus intenciones y que no lo hace en clave de cálculo electoral. El problema de fondo no sólo deriva de la pérdida de credibilidad del presidente del Gobierno sino de un círculo vicioso del que va a ser difícil salir antes de que los españoles sean convocados a las urnas. La ecuación es sencilla: el pesimismo sobre la coyuntura aboca a un menor consumo, a un mayor ahorro, al cierre de empresas, a un crecimiento del paro y a mayores dificultades para bancos y cajas. Estos son, al menos, los cálculos que se hacen en el PP, donde consideran que Mariano Rajoy viaja camino de La Moncloa tanto por la fase del ciclo político como por los efectos tan devastadores de la crisis. Es verdad que dos años en política son un mundo y que puedan pasar muchas cosas que condicionen la voluntad de los votantes: desde un posible final de ETA, en el que Alfredo Pérez Rubalcaba sigue confiando, hasta una nueva explosión incontrolada del ‘caso Gürtel’ en la que se llegue a comprobar señales inequívocas de que el PP de Rajoy incurrió en financiación ilegal. No decimos ya en casos de corrupción porque si algo ha quedado demostrado es que el electorado del PP traga carros y carretas y, además, sigue convencido de que Rajoy no ha sido salpicado por ningún escándalo gracias a su probada honestidad. De cualquier modo, si la ventaja del PP en las encuestas se consolida y, además, su equipo de dirección es capaz de afianzar también la impresión que tiene la mayoría de los ciudadanos de que en política económica es mucho más creíble que el PSOE, Zapatero va a pasarlo mal. Si se analizan los inconvenientes a los que puede enfrentarse el presidente en los dos próximos años aparecen negro sobre blanco el claro cerco mediático que atenaza desde hace meses al Gobierno, la caída en picado de su popularidad y también la sensación de que no va a poder desactivar fácilmente el debate sucesorio que empieza a emerger en las filas socialistas ante la hipótesis de que dentro de año y medio se constate que Zapatero es más un estorbo que una ayuda para el cartel electoral. A menos que se cambien los estatutos del partido, aseguran no pocos diputados del PSOE, Zapatero deberá abandonar la secretaría general en 2012, antes o después de las elecciones, en un congreso ordinario. Por lo tanto, debate sucesorio habrá, incluso en el supuesto de que repitiera en el cartel electoral. Esta ha sido, en parte, una de las circunstancias que ha agitado estos días la polémica sobre la futura ubicación de José Blanco tanto en el partido como en el Gobierno, donde son mayoría los que dan por hecha una amplia remodelación ministerial cuando concluya la presidencia europea. Veremos. Federico Castaño |
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